HISTORIA
Generalidades
El Corregimiento de Tablones, hace parte del Municipio de Palmira en la comuna rural #13 y está ubicado en la zona baja de la cordillera central vallecaucana comprendida entre los 1.150 y los 1.600 msnm, a unos 15 Km de la cabecera municipal. Está habitado por unas 3.000 personas, la mayoría de las cuales nació en la zona. Aproximadamente el 35% de su población es afrodescendiente, dedicados históricamente al cultivo de la caña, al servicio de los grandes ingenios o terratenientes. No hay en la zona comunidades indígenas asentadas y recientemente el corregimiento ha recibido población citadina que busca espacios de tranquilidad.
Según datos obtenidos de la memoria histórica de los habitantes, el corregimiento de Tablones se fue gestando desde hace casi dos siglos, en la medida en que los colonos antioqueños, caldenses y nariñenses, se fueron ubicando en este territorio, primero, para darles espacio y descanso a los equinos (mulas, burros, caballos) que abrían caminos en la ruta del expansión del desarrollo de un país recién fundado y luego, hicieron posesiones de inmensos globos de terreno, que más tarde legalizaron como propiedad privada, vendieron o parcelaron. Se cuenta también que muchos de los terratenientes pagaron salarios a sus trabajadores, con tierras.
El nombre de Tablones, se adjudica a la percepción geográfica que los inmigrantes nariñenses hicieron de la zona, en tanto que los terrenos forman una suerte de terrazas que se extienden entre zanjones, quebradas y cañadas, los cuales ofrecen a la vista un aspecto de grandes tablas en las que se puede sembrar. Tras siglo y medio de vida,
el corregimiento fue reconocido mediante Acuerdo del Concejo Municipal, en Julio de 1961, fecha a partir de la cual se hizo una escuela, un puesto de salud y una inspección de Policía, con el apoyo de la comunidad.
Es una zona fértil, de entre ríos, que se extiende entre el río Amaime, la quebrada Las Salinas, el río Nima y es atravesado por múltiples quebradas y cañadas, procedentes de nacimientos que brotan en su territorio. La parte baja y plana, está sembrada con caña de azúcar en forma de monocultivo, y las partes altas están destinadas a reservas forestales naturales, reservas forestales explotables y turismo de montaña. En medio, se encuentran huertas caseras, cultivos de autoabastecimiento, cultivos no extensivos de frutas, tubérculos, verduras, hortalizas y en algunas zonas, pastos para ganadería.
El corregimiento cuenta con una vía terciaria, pavimentada, que se extiende desde Palmira y que permite el acceso de vehículos, especialmente de carga, para darle salida al monocultivo de eucalipto sembrado en las partes altas, a la caña que va para los ingenios encargados de producir biocombustibles, a los productos agrícolas llevados a los centros de mercado. También hay en el lugar transporte público, que facilita la movilidad de sus habitantes desde y hacia Palmira, tipificado en busetas de pasajeros, Jeeps de pasajeros y carga liviana, chivas de transporte mixto (carga y pasajeros).
De la misma manera, el corregimiento tiene cobertura de energía eléctrica, telefonía celular, Kiosco de internet, recolección de basuras dos veces por semana, alumbrado público, colegio de bachillerato, escuela primaria, jardín infantil, puesto de salud, lo que lo hace muy apetecido para los desarrollos urbanísticos y turísticos que van en crecimiento, especialmente en lo que va del Siglo XXI. Dada su población y ubicación, también tiene puesto electoral. Pese a todo, Tablones carece de sistema de alcantarillado.
Tal vez, el mayor tesoro que tienen los habitantes del corregimiento de Tablones, es el acueducto comunitario El Taurete, que da cobertura con agua potable a 597 suscriptores, lo que abarca a sus más de tres mil habitantes y varios miles de visitantes que llegan a la región en temporadas vacacionales.
Acueducto El Taurete
Con el paso del tiempo, el aumento de la población y las necesidades de circulación de agua para viviendas y cultivos, los habitantes del corregimiento de Tablones, de manera organizada, fueron construyendo su propio acueducto, con conocimientos empíricos, recursos compartidos y mucha cooperación de todos los habitantes. La historia del Acueducto del corregimiento, se remonta a casi 100 años.
A mediados del Siglo XX, el acueducto hecho de manera rústica por los miembros de la comunidad desde décadas atrás, mostró su incapacidad para abastecer a todos los habitantes. Nuevamente, entre todos, lograron hacer algunas ampliaciones en el recaudo del agua, al construir un pequeño tanque de almacenamiento, ubicado en el centro del territorio, al borde de la carretera, que durante la noche acopiaba el agua de una quebrada para el gasto durante el día.
Dado que el corregimiento estaba compuesto por unas pocas viviendas y parcelas y la demanda era muy incipiente, el agua se transportaba por mangueras hasta las fincas y allí los usuarios hacían su propia distribución según las necesidades específicas de cada cual, para cultivo, ganado y servicios domiciliarios. Sin embargo, dado el crecimiento veloz de la población en los años 60, también estas mejoras se quedaron cortas.
Por ello, la comunidad decide hacer un acueducto de mayor envergadura tomando el agua de la quebrada Los Chorros, en la vereda La Esperanza, un par de kilómetros al sur de donde se venía tomando el aforo, pero en el mismo corregimiento. La disciplina y constancia de los habitantes, hizo que lograron su objetivo y tuvieran su nuevo acueducto mucho más holgado en términos de producción de agua y mucho más eficiente en horas de servicio y cobertura. Pero su pujanza se vio afectada por la naturaleza, ya que una avalancha enorme, producida en la quebrada, destruyó completamente el acueducto, poco tiempo después de haberse construido. Aprendida la lección, los habitantes buscaron una fuente hídrica en mejores condiciones de protección de cuenca y lograron establecer contacto con un propietario en la zona, en cuya parcela nacía una fuente con la cantidad de agua necesaria para cubrir las necesidades del corregimiento con la mayoría de sus veredas.
En este momento, fue decisivo el trabajo liderado por Jorge Hernández, quien hizo las gestiones para que el señor Roldán, propietario de los terrenos donde todavía hoy están los depósitos de almacenamiento, permitiera que en sus predios se construyera el tanque y consintiera el acceso necesario de los materiales, de los obreros de construcción y de las personas de la comunidad, que decidieran hacer verificaciones sobre el terreno. Del mismo modo, hizo el contacto necesario para que el Comité de Cafeteros aceptara asignar una partida significativa del presupuesto total de la construcción.
Para darle soporte y recursos a la gestión realizada, la comunidad se organizó y realizó mingas, fiestas, carnavales, y múltiples eventos para reunir el resto del dinero y además programó la logística necesaria para subir hasta la zona de construcción del tanque, a varias horas de camino en aquella época, los materiales que incluían varillas, ladrillos,
tubos, cemento, herramientas, que, dadas las condiciones geográficas y de accesibilidad del terreno, sólo podían ser transportados a lomo de equinos prestados por los habitantes del sector.
La construcción del acueducto del Taurete, fue un trabajo realizado por un largo tiempo, que contó con la participación de toda la comunidad, ya que los hombres con conocimientos de construcción aportaron su tiempo y su trabajo a la obra. También fue necesario adecuar el terreno, hacer podas cuidadosas, abrir las trochas para el tránsito de personas y el transporte de materiales. Lo propio hicieron las mujeres, haciendo los almuerzos en ollas colectivas y los jóvenes y niños, en la recolección de leña y de frutas y verduras para preparar los alimentos en las largas jornadas de trabajo.
La comunidad decidió organizar la administración del acueducto, para tener los recursos necesarios que les permitieran hacer las reparaciones locativas y mejoramiento en el proceso de transporte del agua a los usuarios, situaciones que cada vez se presentaban con más frecuencia. Se hizo un listado de suscriptores y cada uno de ellos empezó a hacer un aporte mensual equivalente a un pasaje en bus urbano. Con esos recursos se construyó el desarenador y se instaló un filtro que mejoró la calidad del agua que llegaba a los hogares. Por esa misma época, se empiezó a desinfectar el agua con cloro, se contrató un fontanero y se capacitó a las personas de la misma comunidad que por rotación atendían el acueducto, en temas afines al manejo del recurso hídrico, al mejoramiento de la cuenca y a las instalaciones sin desperdicio.
En marzo del 2001, se crea la Asociación de Usuarios del Acueducto El Taurete, se gestiona la redacción de los estatutos que en lo sucesivo regirán las decisiones colectivas, se crea una junta directiva para un período específico y se exige la rendición anual de cuentas. Siempre, con miembros de la comunidad, el acueducto ha estado presidido por Newar Piedrahíta, Francisco Londoño, Carlos Güee, Jorge Hernán Sarmiento, Humberto Navarro, Humberto Mazabuel, Fernando Silva y Germán Muñoz V.
En el 2007, el PAAR, Programa de Acueducto y Alcantarillados Rurales de la Gobernación del Valle, hizo un censo de acueductos comunitarios y encontró que el Taurete, era un modelo significativo de organización y servicio, pero que, pese a ello, requería de asesoría en administración, adecuación de las redes, control de desperdicio del recurso hídrico y otros elementos vitales en la protección del acueducto rural.
Se ofreció por su parte una capacitación a los líderes comunitarios y personas que desearan tomarla y adicionalmente programó con la comunidad la instalación de los medidores en la acometida principal de cada suscriptor, para delinear el límite de utilización en cada predio según su vocación y hacer un cobro por el consumo, mucho más equitativo y tendiente a promover el ahorro de agua. Se pactó con la comunidad que cada suscriptor recibiría 40 metros cúbicos de agua (en las zonas urbanas oscila entre 18 y 21), por el precio mínimo, que para la fecha fue fijado en $3.000. De ahí en adelante, el consumo se paga con otra tarifa.
El PAAR realizó la actualización del acueducto según las normas nacionales, hizo trabajos tecnificados en la bocatoma, esmaltó el tanque de almacenamiento y aplicó tecnologías modernas a los ductos, haciendo los desfogues y válvulas para desfogar, viaductos para pasar
el agua sobre el puente del río Amaime y cambiando las mangueras por tubos que garantizan la calidad del agua llevada hasta los grifos de las parcelas. Su trabajo contó con el apoyo y autogestión de la comunidad y también el pago de obras complementarias asumidas por la administración y debidamente sustentadas en la rendición anual de cuentas. La instalación de los medidores arrojó cifras de consumo y ayudó a hacer una gestión más eficiente del uso del agua que se recibe de la naturaleza. Desde entonces, el acueducto El Taurete fue vigilado y supervisado por Acuasalud y unos años después, en procesos de descentralización, el control del mismo está en manos de Unidad Ejecutora de Saneamiento en Salud del Valle, Subsede de Palmira.
Tanto a los estatutos, como a las asignaciones de agua y las tarifas, se han introducido cambios en los que ha participado la comunidad con sus ideas, aportes, opiniones y sugerencias, mediante procesos democráticos. Los desacuerdos o disconformidades, se han resuelto por la vía del diálogo constructivo y han sido decididas en votaciones públicas, con participación mayoritaria.
En resumen, se podría decir que el Acueducto El Taurete ha sido un instrumento que ha permitido crear y fortalecer los compromisos ciudadanos, la participación, la gobernabilidad del agua, tal como lo concede la Constitución y la Ley, haciendo de nuestra comunidad una sociedad capaz de asumir el reto de la autogestión. Además, ha permitido un aporte eficaz a la adaptación de nuestro territorio a los cambios climáticos, a la generación de consciencia ecológica y a la protección del medio ambiente, a la par con un pensamiento prospectivo en relación con el entorno, el respeto a la naturaleza y el desarrollo integral.